La primera de las tres grandes distopías fundamentales para entender el siglo XX, recientemente recuperada por Cátedra en una edición única.
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Años de prosperidad, de Chan Koonchung
Una novela tremenda sobre la China actual, una sociedad sumida en una dicotomía entre el inmovilismo que propugna el poder absoluto y los inevitables movimientos de oposición a todo poder omnímodo.
Continue reading »Lecturas recomendadas para los acampados del 15-M
La ciencia ficción denunció en décadas pasadas muchos de los problemas que hoy parecen acuciantes, en obras que en muchos casos no tienen apenas reconocimiento fuera del género pero hoy son más pertinentes que nunca.
Continue reading »Discos conceptuales y óperas-rock: recreando a los clásicos
Un saludo, amigos prospectivos.
En su séptima oscilación, nuestra querida onda futura va a llevarnos de nuevo a reencontrarnos con los clásicos, mas esta vez con mayor detenimiento y ambición. Si el primer contacto con las grandes obras del género a través de la música fue mediante canciones, es turno ahora de que lo sea con álbumes enteros o partes significativas de los mismos.
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Continue reading »Honrando a los maestros (I)
En la primera entrega de esta columna, que escribí a modo de introducción, realicé una declaración de principios acerca de la relación entre ciencia ficción y rock. Mas tal afirmación se quedaría simplemente en eso si no la refrendáramos con argumentos incontestables, o si ese vínculo fuera tan tenue que se extinguiese al menor desafío (…)
Continue reading »Fahrenheit 56k, de Fernando
de Querol Alcaraz
Resulta complicado hacer avanzar un subgénero; más aún si éste ha aportado grandes obras que han logrado calar en los referentes culturales más extendidos.
Fahrenheit 56K es un intento de recreación contemporánea de 1984, especialmente, y en menor medida la obra de Bradbury y de Huxley. Por ese motivo utiliza como decorado elementos actuales como internet, base para desarrollar buena parte de los diálogos (a través de chat y Messenger) o se hace eco de debates que se están desarrollando hoy en día (como la prohibición del velo).
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de Querol Alcaraz…
Te vigilo
A mediados del pasado mes de agosto, el gobierno chino reconoció públicamente haber puesto en marcha el equivalente real del Gran Hermano descrito en la archifamosa 1984 de George Orwell, una de las cumbres de la Literatura Universal, y por supuesto de nuestro género. En realidad, el sistema empezó a funcionar el 1 de julio en el distrito de Pujiang, en la provincia oriental de Zhejiang, para, cito textualmente, “controlar el comportamiento antisocial de los ciudadanos”.
El plan de las autoridades chinas pasa por registrar informáticamente las “desviaciones” de todas aquellas personas mayores de 18 años halladas culpables de “delitos sociales”, una definición bastante ambigua en la que entra casi cualquier cosa. El propio director local del Departamento de Propaganda (es lo bueno de las dictaduras: que no camuflan la realidad bajo eufemismos como hacemos en las democracias, donde a este cargo le habríamos llamado, por ejemplo, Departamento de Relaciones Públicas y Publicidad), un tal Zhou Shunlong, resumía públicamente algunos de esos delitos. Desde “conducir bajo los efectos del alcohol” hasta “contaminar o tirar basura” pasando por “tratar mal a los padres, escupir, abusar, ser un profesor que discrimina a los alumnos lentos” y otros pecadillos.
Pero es que además la intención es que los vecinos, amigos y conocidos denuncien los “comportamientos inapropiados” al más puro estilo de la Inquisición. Y hay algún otro dato delirante como el hecho de que esta base de datos (en la que tarde o temprano acabarán entrando todos los chinos y, si no, al tiempo) no sólo la podrán consultar agentes policiales sino ¡empresarios! que así podrán decidir si contratan o no a un futuro empleado.
Una vez más la realidad supera a la ficción o como dijo Lenin, “Libertad, ¿para qué?”.Desde luego, no para los ciudadanos corrientes, como se refleja en la brillante distopía literaria de Orwell, ridículamente banalizada hoy día por las incultas e histriónicas Mercedes Milá de turno. El título original era El último hombre en Europa pero, por cuestiones de marketing, los editores lo cambiaron por el de 1984 buscando el toque futurista además de hacer un juego de palabras o, en este caso, de números, con la fecha en la que el autor lo terminó: 1948. De todas formas, el texto se publicó al año siguiente y fue un éxito de ventas. Sinceramente y viendo el panorama actual, empiezo a dudar de que llegara a ser publicada (y mucho menos que alcanzara la categoría de bestseller) si el bueno de George la hubiera escrito en nuestros días.
1984 describe a la perfección lo que es, y sobre todo cómo se sostiene, una sociedad totalitaria. En ese sentido contiene una maravillosa sucesión de siniestros hallazgos literarios que, para nuestra inquietud, vemos hoy reflejados en el mundo contemporáneo: la Policía del Pensamiento (que hoy se aplica respecto a ciertos temas tabú sobre los que no se puede disentir de la opinión socialmente aceptada), la Habitación 101 (donde se podría aplicar sin problemas el trato a los prisioneros que reflejan los informes de torturas de la CIA publicados hace bien poco), la Neolengua (la misma que hablan todos los días nuestros políticos), el Ministerio de la Paz (que es precisamente el que se ocupa de la guerra, igual que hoy a nuestros antiguos Ministerios de la Guerra –como aún se llamaban a principios del siglo XX– les llamamos Ministerios de Defensa aunque sirvan más para agredir que para defender), el Ministerio de la Verdad (que reescribe la Historia constantemente según convenga, de la misma forma que hoy se hace ante la llamativa ignorancia de los ciudadanos presuntamente mejor informados de todos los tiempos)…
Y el final. El pavoroso, perturbador y realista final de la novela, que explica por sí solo el porqué del éxito de una dictadura, sea ésta del corte que sea. En resumidas cuentas, hablamos de una de las lecturas imprescindibles para cualquier lector con dos dedos de frente.
No deja de ser un sarcasmo que precisamente el Reino Unido, otrora considerado ideal de la libertad individual personal, se haya deslizado en los últimos quince o veinte años por la pendiente del Granhermanismo con la proliferación de sistemas de control y monitoreo de la sociedad hasta el punto de que ahora mismo sus ciudadanos son los más vigilados del mundo occidental ya que tocan aproximadamente a una docena de personas por cámara instalada. En tiendas, grandes almacenes, oficinas bancarias, gasolineras, museos, aeropuertos, restaurantes…, e incluso puestos de trabajo.
Orwell no fue el primero. Con la misma fuerza o más que 1984 considero obligatoria la lectura de Un mundo feliz, publicada en 1932 con el título (extraído de un verso de Shakespeare y cuya traducción española, a su aire, mejora en mi opinión el original) de Brave New World (Un mundo nuevo y valiente). Esta novela nos habla también de una dictadura, en este caso mucho más parecida todavía a lo que vivimos hoy día por su carácter “buenrrollista”.
En el año 2540 de nuestra era, el sueño pacifista se ha hecho realidad al desaparecer la pobreza y la guerra en una sociedad controlada, previsible y plena de comodidades gracias a la tecnología. El precio es la destrucción de todo lo que hace hombre al hombre: la espiritualidad, la ciencia, la lilosofía, la cultura, la familia, la individualidad…, la misma voluntad de ser. Es la eterna lucha entre dos conceptos que suelen presentarse como parejos y alcanzables al mismo tiempo pero que en realidad se contradicen uno al otro: la Libertad y la Igualdad.
Huxley describe un planeta globalizado bajo un gobierno mundial y compuesto por una aborregada masa de consumidores repartidos en castas de acuerdo con las letras griegas, donde los humanos de clase Alfa son los dominantes inteligentes y superiores, los Beta son los inmediatamente inferiores, y detrás vienen en orden sucesivo los Gamma, los Delta y al fin los Épsilon, que aparecen como los más embrutecidos y encargados de los trabajos más duros. El Estado se encarga de distribuir a los niños, según nacen, en una u otra casta, y de acondicionarles desde pequeñitos para que lo acepten, proporcionándoles además una droga llamada televisión…, digo, soma, para reafirmar su acondicionamiento.
Se parece tanto lo que allí se cuenta hacia el mundo real al que nos están empujando en la actualidad que no me canso de leer este libro una y otra vez como si fuera un texto profético.
Para no dejar un sabor de boca excesivamente amargo, terminaré recomendando una película que, sin ser de ciencia ficción, sí está muy relacionada con el concepto de Hormiguero Controlado y la lucha contra los abusos de poder a la hora de controlar la sociedad. Es una historia que brinda un hilo de esperanza al elogiar la fuerza de la individualidad y el ingenio personal como técnicas para escapar al totalitarismo del Ojo que Todo lo Ve. Me refiero a Enemigo público, dirigida por Tony Scott y protagonizada por Gene Hackman y Will Smith, en la que éste es un ingenuo abogado laboralista que vive confiado hasta que de repente se ve envuelto en un asesinato de Estado y descubre lo fácil que es amargarle la vida a un ciudadano respetable.
El guardián de almas, de Bruce Boston
Una interesante distopía a cargo del poeta más laureado en la historia de la cf, publicada en una colección de terror porque fue finalista del premio Bram Stoker.
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