Antonio Díaz Oliva me pidió que le respondiera algunas preguntas para un artículo sobre los "casting literarios" que se publicaría en suplemento cultural Artes y Letras del diario El Mercurio. Estas preguntas se referían a Synco, la novela de Jorge Baradit publicada el año pasado por Ediciones B.
El proyecto Synco o Cybersyn fue el intento de planificación económica controlada en tiempo real, desarrollado por el científico británico Stafford Beer durante el gobierno de Salvador Allende en Chile. "La sola idea de un proyecto para convertir a Chile en un Estado cibernético es insólita. La frase de Stafford Beer: ‘Quiero dotar a Chile de un sistema nervioso electrónico’, parece sacada de la mejor literatura que recién comenzó a escribirse ¡diez años después! Es decir, cómo no interesarse en una idea tan adelantada a la época, además cruzada por uno de los hechos más trágicos de nuestros últimos años, el golpe y la tragedia socialista", explica Baradit a J.C. Ramírez Figueroa en La Nación Domingo.
Lo que hizo Baradit, fue preguntarse qué hubiese ocurrido si Pinochet decide apoyar a Allende, desarticulando el golpe de 1973 y extrapolando desde ahí. "¿Se imaginan qué hubiera pasado si Synco se desarrolla completamente y Chile se convierte en Sylicon Valley 15 años antes de Sylicon Valley? ¿El primer país con una producción industrial administrada cibernéticamente, en tiempo real, próspero y progresista? ¿Qué habría pasado con América Latina si Chile exporta la experiencia Synco y se organiza algún tipo de cyberbolivarismo? ¿Se imaginan a Miguel Serrano y su visión mágico-totalitaria organizando un movimiento en las sombras tras el Gobierno chileno?". Esto, y mucho más es esta apasionante novela, en la que yo mismo figuro como personaje.
Hasta dónde tengo conocimiento el artículo de Díaz nunca se publicó, por lo que publico aquí sus preguntas, junto a mis correspondientes respuestas:
¿Por qué participaste en el "casting literario" de Synco?
Porque me pareció una propuesta interesante en lo que a metaficción se refiere. Esto es algo que siempre me ha interesado desde que leí Niebla de Unamuno en el colegio, y es un recurso presente en algunas de mis obras de ficción favoritas como Animal Man o Adaptation, las cuales comparten una misma vocación por el metalenguaje y la abolición del cuarto muro.
¿Para qué, crees, sirve que Jorge haga algo así? Según él, es una forma de acercar el libro a la gente…¿qué opinas tú?
Lo que Jorge ha hecho no es diferente a lo practicado por el círculo de Lovecraft, cuya amistad y colaboración postal se reflejó tempranamente en su producción literaria. Derleth aparece como el conde d’Erlette y también como Danforth en la obra del maestro de Providence mientras que él mismo figura como Ech-Pi-El o Luveh-Kerapf en los relatos de sus amigos. Kerouac también empleó mucho este recurso en sus novelas donde William Burroughs –por citar sólo a uno de sus amigos escritores– figura varias veces bajo los nombres de Bull Hubbard, Frank Carmody, Will Dennison, etc. Los nombres pueden cambiar, pero la escencia de los personajes permanece y son claramente reconocibles. No creo que exista escritor que no haya ocupado este recurso. Es una suerte de saludo y reconocimiento a la vez, como cuando dos choferes de micro se cruzan en la calle y tocan la bocina.
Ahora bien, Jorge en Synco ocupa nombres sin camuflaje para reforzar la idea de la novela como una realidad escindida a partir de un hecho puntual, tal y como propone la hipótesis de Everett o el jardín de los senderos borgianos. Pinochet no es el dictador Antofagasto Panocho de la Républica de Chula que aparece en Mortadelo y Filemón, es el Augusto Pinochet con el que estamos familiarizados, aunque sometido a otras circunstancias. El reconocimiento de personajes y sitios reales dentro de la trama es fundamental para una ucronía y esto no sólo tiene por qué abarcar a los más famosos como son Pinochet y Allende sino que puede extenderse a individuos más bien anónimos, por decirlo de alguna manera.
Un tercer aspecto a considerar es el propuesto por Dan Simmons desarrollado en sus magníficas novelas Ilión y Olimpo. En dichas novelas los post-humanos han abierto pasadizos a universos alternos dónde la conciencia humana ya había estado presente antes. Universos que fueron llamados a la existencia –o al menos percibidos– por la imaginación o genio humano. El truco de esto es que si asumimos que existe un conjunto casi infinito de universos alternos, algunos de estos tienen que fozosamente haber sido imaginados ya por la mente humana, lo que significa que el mundo de Synco puede ser muy real a un universo paralelo de distancia. Jorge no se queda tan sólo con la anécdota fundacional que da origen a la ucronía sino que también se hace cargo de este aspecto de la construcción de mundos.
¿Al final saliste de terrorista o mártir?
Aparezco como un enemigo del estado chileno de alta peligrosidad, codo a codo con Martina Aguablanca.
Y qué te pasó cuando viste tu nombre en las páginas de Synco…
Cuando vi mi nombre y el de algunos otros conocidos en la novela de Jorge pensé en algo que un poeta que admiro mucho, Armando Uribe, escribió sobre otro poeta:
Lo que más me gustaba de Neruda era un gesto
¿cómo decirlo para que me comprendan?,
misterioso que hacía con el brazo a la redonda
como invitando a todo el mundo,
a quién está más a la mano, al paseante,
a que pase no más a la casa y se siente en su casa, cómodo,
y se arrime a la mesa común a la hora de almuerzo…
Esto resume muy bien lo que me parece está en la raíz de la idea del "casting literario" de Jorge. Invitó a quien quisiera a su casa, como cuando por fin se abrieron las puertas de La Moneda para que todos pudieran ingresar. Llamó a concurso y desacralizó ese espacio ominoso por el cual se toma en ocasiones al cuerpo literario. Lo democratizó, lo compartió, y lo hizo parte de sus lectores de una forma que yo, por lo menos, no había visto antes. TVN tiene un slogan que dice: "el canal de todos los chilenos", una afirmación majadera que es mucho más real en Synco, a la que me atrevo a definir como "la novela de todos los chilenos".