Fliper Contrataca
Una space opera muy en la línea de lo que Sergio Mars denomina hard necampbelliano. Solventes detalles técnicos, compleja caracterización de los personajes y del macrocosmos. La trama es ciertamente interesante, con muchos senderos que sirven para que el autor exprima el concepto clave en esta saga, “la elevación”, llevándolo hasta cotas literarias memorables. Emoción y sabiduría. En suma, estamos ante un clásico.
Confieso que en Navegante solar, primera entrega de la tríada La elevación de los pupilos, el concepto de que la inteligencia tecnológica, lejos de ser consecuencia de un proceso evolutivo, es un saber arcano que unas razas “tutoras” van legando a otras “pupilas” que a su vez “elevarán” a nueva especies pre-inteligentes, me pareció decepcionante. Ya lo decía aquel charlatán de Von Daniken, ¿y?… Pero es en Marea estelar donde Brin desarrolla la potencia de esta teoría introduciéndonos en las complejas relaciones entre tutores y pupilos, en la importancia de la catalogación de especies pre-inteligentes, los recelos entre especies, los déficits de conocimientos heredados de complejas civilizaciones y que se saben utilizar pero no se comprenden, y el papel en este contexto de una extraña raza, los hombres, que de chiripa han alcanzado un razonable estado de racionalidad por sus propios medios (para pasmo y envidia de la comunidad galáctica) y “elevado” a dos razas pupilas: chimpancés y delfines.
No es nada extraño que los Hugo, Nebula y Locus del 84 fueran un desfile militar para Marea estelar. El macrocosmos resultante, en forma de una entretenida, compleja y maravillosa space opera publicada en 1983, rompió esquemas y abrió vía a una manera de entender la ciencia ficción, rupturista respecto a la agonizante new wave, y que tiende puentes con la tradición americana. Por así decir, si Asimov y Henlein son el correlato cifi de los Beatles (la new wave es la onda sinfónica, el ciberpunk el punk, Egan el tecno) Brin es los neo mods, los Jam y grupos que se presentan como restauradores del pop más alegre, esencial y funcional. De algún modo, Marea estelar es un libro “cruce de caminos” realmente importante y hay que felicitar a la Factoría por su impagable labor repescando este clásico (desaparecido del mercado hispano tras una primera edición de Acervo en los ochenta).
Un libro que, no obstante y a tenor del paso del tiempo, hay que leer con cariño para disfrutarlo como se merece.
Esbozo de argumento: bajo el mar de un remoto planeta, una nave terrícola hecha una mierda y tripulada por 150 delfines mutantes, cinco humanos y un mono “elevado”, se esconde de la flor y nata de las 5 Galaxias: flotas enteras de las más poderosas y antiguas razas galácticas, enfrentadas entre sí en una carnicería demencial por la posesión del pecio.
Una de las tramas será, pues, la huida a modo de Anábasis de estos terrícolas colgados y qué “secreto” ocultan que les convierte en objetivo estratégico de primer nivel para un totum revolutum de razas galáctica, a cual más majara y cabrona (trama esta que no concluye en Marea estelar). Pero siendo importante, este motor argumental queda eclipsado por la caracterización de la simbiosis hombre-delfín, donde a su vez se librará una guerra interna entre bandos enfrentados, al tiempo que emerge un tercer leit-motiv, el planeta Kithrup, cargado de misterios que apuntan a la legendaria raza extinta detonante del proceso elevador, “los progenitores”. (Añadan dos o tres líneas románticas, basadas en la promiscuidad sexual de los tripulantes, excepción hecha del pobre mono que no me imagino yo cómo… bueno, la verdad que sí que me lo imagino…)
En el plano técnico, el diseño de un hábitat compartido para primates y cetáceos es todo un alarde en el que descolla el aspecto lingüístico. Para mi gusto, Brin está sembrado al dotar a los delfines de hasta tres lenguajes, un primigenio, místico (el “sueño-ballena) y preconsciente; otro intuitivo y artificialmente inducido por el hombre, basado en formas poéticas; y por último, un estándar compartido entre el tutor sapiens y sus pupilos, que permite a los cetáceos, por ejemplo, desarrollar una lógica… A Wittgenstein le hubiera encantado… Y lejos de ser una virguería de atrezzo, este barroquismo de lenguajes es esencial para la resolución del caso.
Vamos, que al que le gusta la ciencia ficción, raro será que no se lo pase como un enano con Brin.
Dicho esto, y ciñéndome a mi experiencia lectora, les diré que sí, que reconociendo que Marea estelar es un novelón, uno se esperaba algo más.
En parte es culpa mía, claro. Culpa mía por no estar ya en el contexto de 1984, en que la recuperación de la ciencia ficción clásica americana toma ribetes de gesta patriótica para el fandom sajón. Culpa mía porque de 1984 a aquí meter a un calderón de almirante en una tecnospace-opera es ya un recurso hasta manido.
Lo que no es culpa mía es la sospecha de que Brin escribe a lo Asimov, de un tirón y salga el sol por Antequera, poniendo más cuidado en la verosimilitud filosófico-científica que en los aspectos estilísticos. Y claro, cuando de buenas a primeras te enfrentas a una nave-pecera, en la que conviven seres de mar y de tierra en una tecnología parcialmente alienígena, o tienes un estilo muy clarito y comunicativo o te pierdes más de la cuenta. Añadan la discutible decisión de bautizar a los delfines con nombres impronunciables, vagamente basados en dialectología polinesia tal que Creedakai, Thst’T, Sah’Ot… (así hasta una desesperante treintena de cetáceos con diálogo en la obra), que convierten la lectura en un proceso adelante-atrás, forzándote a consultar cada dos páginas la guía-elenco de las páginas iniciales.
Pero hablaba de “bajonazos” estilísticos, que alguno achacará al traductor pero yo, como el que firma es Brin, se lo imputo al autor. Entre otras, la manía de introducir frases antitéticas con el sentido del párrafo (y que desde mi punto de vista no son más que despistes en el proceso de revisión). ¿Cómo puede ser que a un arma le pase esto –pag 340-?: “…Comprobó que su pistola estaba en perfecto estado. A la pistola no le quedaban más que unas pocas flechas”. O peor aún (281): “Desenfundó la pistola y la sujetó con ambas manos… Estiró el brazo con el que sujetaba la pistola”. Un poco antes, un delfín lingüista se caga en todo y más porque le han encomendado una farragosa misión sin ningún encanto para él. Pocas frases después te encuentras con que al delfín le apasionaba el tema. No sé. Desconcierto lector. Que a mí, escritorzuelo aficionado, me pase esto, tira que te va… ¿pero a alguien como Brin?
Sospecho que el autor no está precisamente bendecido por la musa, a pesar de ser él mismo un reputado divulgador y conferenciante. Al principio especialmente, cuando su intento explicativo de la mega-batalla en las inmediaciones del planeta es un sindiós, un Stalingrado en chungo; el escritor resuelve con adjetivos algo que pedía a gritos una planificación más tolstoiana, algo así como los soros se concentraban en el cuadrante tal, con tantas unidades desplegadas en tal formación… Un poco de orden táctico y mesura para recrearnos la madre de todas las batallas.
Y acaso ahí reside el quid de la cuestión con mi no “completa” satisfacción lectora de un libro en principio espectacular. Algunos neocampbellianos de segunda hornada –Hamilton, Aguilera, Simmons- ofrecen productos muy parecidos a Marea estelar escritos con más oficio. Lo que no suelen ofrecer es la hondura de ideas que sí depara Marea estelar. De ahí que, a pesar de los pesares, considere este libro todo un clásico de lectura obligatoria.
NOTA. Por cierto ¿Alguien me podría explicar de qué va la portada? ¿Tiene algo que ver con el libro?
Es una novela espantosamente escrita.
Me gustó mucho este libro pero ¿complejas caracterizaciones? Si son meras caricaturas de personajes. Parecen un manga todos, con su monito gruñón y tal.
De hecho… esta es quizás su virtud más inimitable, que apenas he encontrado en otros space opera: Marea Estelar es el epítome de esa ciencia ficción pulpera, pero escrita con el suficiente brío como para mantenerse por encima de alienígenas raritos y animalitos que hablan.
Pero la comparación con Hyperión me parece un poco atrevida. Ahora mismo la estoy leyendo y, bueno, Hyperión no es un space opera al uso – de hecho discutiría su inclusión en el space opera – pero sin duda está mil veces mejor escrito, estructurado, y sus personajes son, esta vez sí, personas.
Por otro lado, qué valiente eres. Entre el que si te gusta la cf te gustará Brin, las comparaciones con la música (a mí Brin me parece más el Pet Shop Boys de la cf, qué quieres que te diga) y… oigan ¿de verdad el cyberpunk tiene relación con el punk?
Saludos Risingston. Caray, que mala suerte tengo con mis reseñas. A mi me parece un estupendo libro (eso sí, ramplón-ramplón en el estilo). La trama me gusta más que Hyperion (excuso decir, que Simons es muuuucho mejor novelista), . Aquí, por lo menos, hay una potente reflexón sobre xenolingüística y una trama interesante. Desde luegoo, cuando hablo de «complejas» caracterizaciones, me refiero a las «complejas» relaciones entre delfines y humanos, razas, etc… Yo creo que es una de los fuertes de la novela. Los personajes NO son complejos. Son el héroe, la guapa, el mad doctor.. arquetipos-arquetipísimos.
Respecto a la analogía con el pop, estoy a ver si lo explico mejor porque simplmente es una analogía conceptual. Si Asimov son los Beatles, pues estos son los Jam. Desde luego, ni Asimov es John Lennon ni Bryn Paul Weller, pero vamos, ni por el forro:)))
«ni Asimov es John Lennon»
Por suerte para Asimov, añadiría.
No pude acabarla. Quizá porque nunca me acabé de creer lo de los delfines astronautas. Me parecía tan inverosímil, que me recordó a Vomito, el perro espacial protagonista de Spaceballs, de Mel Brooks. Y con esa imagen en la cabeza es imposible hacer una buena inmersión, como diría un astrodelfín.
Me encantaria opinar pero esto, que lo lei en inglés, lo lei hace… mhmmmmh… coño… mas de 12 años y no me acuerdo de nada. Pero de nada, nada.
Con eso me queda claro que si Asimov es Los Beetles y Brin los Jam yo soy el Abuelo Cebolleta.
Por dios que ya no recuerdo ni que carajo era lo que escondian los terrestres de los alienigenas.
Eso si, vagamente recuerdo que sin la excusa del traductor ya me parecia a mi que Brin lo que se dice estilo, poco, de andar por casa en pantuflas vamos.
Tampoco queda claro y hay que esperar a las siguientes entregas. Pero vamos, ocultan la momia fósil de un alien que podría pertenecer a la especie fundacional. specto que en esta entrega es bastante secundario.
(Leches con lo de los Beatles, era una analogía joderrrrr… Ya no lo haré más, hala…. :)))
No hombre no, si a mi me ha parecido bien. Pero es que soy el Abuelo Cebolleta :-)
(A Risingson no le toques la fibra musical que te saca una tesis completa sobre grupos de tendencias herméticas y desconocidas entre la primavera del 2007 y el verano del 2009, ordenados por # de miembros y subgenero)
Mierda, me has hecho spoiler de la sorpresa!
me lo iba a leer pero depues de las opiniones, mejor leo otro