¿Qué se esconde tras la materia? El Absoluto.
Esa premisa es la que utiliza el escritor checo, Carel Capek, para desarrollar una hilarante historia que mezcla a la perfección lo científico y el religioso. La fábrica de Absoluto nos muestra cómo la invención de un carburador atómico, capaz de aprovechar al máximo la energía contenida en la materia, provoca la liberación del Absoluto, la esencia divina, que da lugar a fenómenos milagrosos.
El Absoluto-Dios liberado, tras haber permanecido inactivo durante siglos, canaliza su creatividad a través de la producción industrial. En este sentido, no sólo actúa como agente místico en la humanidad, sino que su naturaleza creadora se despliega a través de los conductos que el desarrollo de la sociedad moderna le proporciona. La comercialización de carburadores inicia un desconcertante y sorprendente plan divino que introduce a Dios en el mundo. Lo que al principio aparenta ser maravillosos y pintorescos fenómenos aislados, impregnados de fervor religioso, pronto se transformarán en una epidemia que pondrá en riesgo los pilares sociopolíticos mundiales. La liberación de Absoluto inicia una suerte de comunismo místico que atenta contra el sistema capitalista mundial; no obstante, pronto será diluido en una espiral de violencia causada por el intento institucional de monopolizar el fenómeno religioso. Religiones, iglesias, sectas, instituciones y gobiernos se enfrentarán para imponer su hermenéutica del Absoluto y de la realidad.
A través de una constante comicidad, el carácter alegórico de la narración se dilata para proyectar una crítica total que abarca lo moral, lo económico, lo religioso, lo científico y, muy especialmente, lo político. Ahí reside el enorme acierto de la novela, en el enfoque holístico que proporciona al mostrar cómo las transformaciones que genera el carburador atómico se extienden por las complicadas relaciones que rigen todos los ámbitos de la existencia. Esta complejidad se manifiesta en el abandono de la narración monológica y la adopción de una perspectiva múltiple. Para ello, prescinde de un protagonista que guíe la historia, y adopta múltiples voces y estilos narrativos, con una alternancia constante entre lo histórico y lo intrahistórico, lo colectivo y lo individual.
De amena lectura y estructurada en pequeños capítulos, la novela exhibe una narración ágil y variada que refuerza su tono humorístico; sin embargo, tras esa comicidad existe un trasfondo crítico que ridiculiza la intransigencia de toda ideología, ya sea religiosa, científica o política. No es el Absoluto el que conduce al ser humano a la destrucción de una guerra total, sino su ciega intolerancia, la cual le hace creerse el poseedor de una única verdad. Desde una metodología plural y relativista, Capek defiende un humanismo que antepone al ser humano a cualquier ideología o creencia, deconstruyendo las dicotomías que caracterizan el pensamiento occidental y mostrando lo absurdo y paradójico de sus fundamentos.
A pesar de la distancia (fue publicada por primera vez en 1922), La fábrica de Absoluto deslumbra por su capacidad de prever el futuro, pero también por conservar una persistente actualidad, al igual que lo hace La Guerra de las Salamandras, novela con la que comparte muchos aciertos.
Permitidme una posdata que no tuvo lugar en la crítica: extraordinaria cubierta la de Minotauro. Está velada, en parte, por la sobrecubierta. Tal como se ve en la imagen superior, la parte transparente de la sobrecubierta deja entrever un horizonte industrial; la parte ocre en la que se observa el nombre del autor y los títulos de las obras esconde un arcano secreto: una raigambre de ocultos tentáculos que se expanden amenazantes.
Muy acertada manera de reflejar el contenido de la obra… El secreto y ominoso Absoluto.