Materia es la última novela ambientada en el universo imaginario que Iain M. Banks ha creado a lo largo de ocho novelas, la última de las cuales, Surface Detail, aún no ha sido traducida al castellano. Dicho universo toma el nombre de una enorme civilización humana —aunque sería mejor decir transhumana— denominada La Cultura.
Se dice que la ciencia ficción es una literatura donde, a menudo, los escenarios, las sociedades son los auténticos protagonistas. En el caso de la saga de La Cultura, el escenario imaginado por Banks es, por derecho propio, el protagonista o, al menos, uno de los personajes principales. Sucede esto con más intensidad en Pensad en Flebas, el primer libro de la serie, donde nos apabulla con su fascinante complejidad, originalidad y gigantismo. En los sucesivos títulos el escenario no abandona su poder deslumbrador, pero poco a poco deja protagonismo a personajes y tramas. Banks, instaurado el marco, estudia con brillantez a las personas que viven dentro de él. Si se puede hablar de un escritor de ciencia ficción que sea capaz de manejar con igual capacidad trama, personajes y escenario, este es Banks. No deja de sorprender que un autor así haya elegido la space opera —el subgénero de la ciencia ficción dedicado a glosar grandes aventuras espaciales con intenciones épicas y que nunca se ha distinguido por su calidad literaria— para desarrollar una parte importante de su obra. En la serie de La Cultura. Banks ejerce de incómoda excepción tanto para los acérrimos (acémilos, acéfalos) del género como para los talibanes de suplemento dominical, a los cuales supongo que fascina que sea el mismo autor de La fábrica de avispas, al cuál se le ha quitado la M. del nombre.
Dicho lo anterior, queda tan solo hablar de Materia. La novela comienza con una escena que recuerda mucho a otras novelas de la serie. En ella vemos a Djan Seriy AnaplIain en compañía de un dron de combate influyendo en la historia de un mundo. Trabajan para Circunstancias Especiales, una parte La Cultura que se encarga de aquellas tareas necesarias pero éticamente dudosas y que se gana, por ello, el desprecio de muchos de sus miembros. Djan es una ex princesa extraída de su mundo natal y educada en el seno de La Cultura a modo de rehén cultural romano. Poco después recibe el anuncio de que su padre, el rey, ha muerto en una batalla. Mientras ella decide acudir a su mundo y abandonar momentáneamente su trabajo, sus hermanos y herederos se ven envueltos en una intriga palaciega, uno huyendo para salvar la vida, el otro como heredero-marioneta del traidor.
En el mundo hueco, artificial, construido por una civilización ya olvidada donde viven, hay un secreto heredado de tiempos remotos por el que demuestran interés algunas de las más poderosas civilizaciones de la zona entre las que se encuentra ubicado. De ese modo, el viaje que la protagonista emprende hacia su mundo natal se convierte en una misión que poco a poco adquiere tintes frenéticos. La serena reflexión sobre su pasado, su adaptación a La Cultura y su propia forma de vivir como exiliada cultural, se transmuta en una aventura apasionante. En paralelo su hermano mayor y su sirviente emprenden la huida hacia afuera y justo sufre el proceso inverso de shock cultural a una galaxia enorme que hasta ese momento habían ignorado, aunque en último término también se ven afectados por los acontecimientos que ponen en peligro el mundo entero.
En la novela pueden rastrearse las habituales marcas de fábrica del autor. Por un lado el complejo y brillante escenario, en el que no insistiremos más, y por otro una trama en la que hay personajes enfrentados a un dilema moral, la sociedad versus el individuo, la supervivencia y el bienestar frente al bien común. Las grandes cuestiones que tienen que ver con la evolución de las civilizaciones, la huida de la barbarie y el progreso se mezclan con las vivencias de los que son parte, ínfima pero importante, de las complejas y largas intrigas de la historia, esa materia prima de carne, sangre y hueso que promueve los cambios y además los sufre.
La Cultura, que en los primeros títulos de la serie comenzó siendo como una civilización vibrante, ha ido cambIaindo de novela en novela. Frente a los primeros relatos, donde se manifestaba como una fuerza activa y con intención positiva, deseando intervenir en los asuntos de la galaxia con el fin de mejorar la vida de sus habitantes —y exportar su modelo cultural—, en sucesivos libros, el carácter de toda la civilización descrita va evolucionando, envejeciendo, volviéndose descreída, hasta completar la evolución en una novela como Looking to Winward (A barlovento), francamente pesimista, donde La Cultura parece abocada a su fin en un plazo breve. En Materia, por el contrario, parece que el esfuerzo por un futuro mejor lleva a algún sitio, difícil y oscuro quizá, pero que merece la pena, aunque sea como mal menor
Y ese es el mensaje que llega alto y claro de Materia, una novela de muy alto nivel a pesar de que no sea la mejor del autor, ni siquiera de la serie de La Cultura. Aventuras galácticas, sí, y de una intensidad y brillantez fuera de lo común, pero también reflexión, prospectiva que se diría modernamente, y unos buenos personajes que sostengan todo el relato.
Lo único malo del libro, una traducción que, siendo correcta, mejoraría con una revisión o dos. A pesar de que la prosa de Banks no es especialmente compleja ni enrevesada, hace a ratos difícil la lectura y, por tanto, el disfrute del texto.
La verdad es que yo no noto esa trayectoria que dices en las novelas de la Cultura. La Cultura siempre ha estado en esos dos modos, siempre optimista trabajando por el bien de todos y mejorar el universo y las sociedades que lo forman (la idea o filosofía general de la Cultura) y siempre encontrandose con que la realidad es mas compleja, los problemas morales mas sutiles, y que intentarlo pasa por ensuciarse tanto las manos que a veces terminas empeorando tú (la revelación que muchos de sus personajes descubren cuando trabajan en Circunstancias Especiales). Y siempre hay alguien que, a pesar de todo, lo seguira intentando, sin engañarse. Esa mezcla de desesperación inutil y una dignidad resignada de al menos intentarlo, sin que eso resuelva el dilema, pero ¿que mas puedes hacer?
Pero bueno, ya te diré cuando acabe con Surface Detail que me acaba de llegar hoy :-P
Materia, por cierto, me pareció bastante menor dentro de sus obras, pero un «bastante menor» de Banks se lleva por delante mucho «excelente» de otros. Banks juega con lo mas manido y mas simple de la space opera, le añade un par de ángulos diferentes… pero el lenguaje, el estilo, es lo que le eleva. Al punto que en lo mas intranscendente es cuando mas brilla, me parece a mi.