¿Por qué dejaste el género como escritor?
Por dos motivos. A mediados de los 90 abandoné definitivamente la publicidad y decidí dedicarme profesionalmente a la escritura. Es evidente que en España resulta imposible vivir de la ciencia ficción (al menos como escritor), así que tuve que abandonar el género y buscar otros nichos creativos. En segundo lugar, desde los ochenta venía advirtiendo la decadencia de la ciencia ficción, algo que en la década siguiente quedó patente. No me gustaba, ni me gusta, el camino que había tomado el género, así que no tenía sentido seguir escribiendo en un contexto con el que yo no estaba de acuerdo y en el que el tipo de relatos que yo escribía sencillamente no encajaban.
¿Qué balance haces de los seis o siete años que estuviste escribiendo ciencia ficción regularmente?
Creo, o quiero creer, que mi forma de abordar el género influyó, aunque sólo sea un poquito, en algunos de autores de la generación que surgió en España durante los 90. Por un lado, en lo que respecta a mi insistencia en abordar el género desde nuestra propia cultura, española o europea, da igual. Por otro, en la profesionalidad a la hora de escribir. Aparte de eso, hay cinco o seis relatos de aquella época de los que me siento muy orgulloso. En particular de mi novela corta “La casa del doctor Pétalo”, que aún sigo considerando lo mejor que he escrito.
Has manifestado en distintas ocasiones tu desengaño como lector de ciencia ficción. Con perspectiva, ahora que no estás implicado en él, ¿puedes explicar qué crees que ha ocurrido?
Para explicar esto tenemos que remontarnos a la New Thing. La ciencia ficción alcanzó la madurez en los 50 y, durante la década siguiente, evolucionó, alejándose de sus orígenes pulp y aproximándose a los estándares de calidad de la literatura general. Ese proceso cristalizó en el movimiento New Thing, que incurrió en muchos excesos, es cierto, pero al mismo tiempo produjo un buen número de obras de gran madurez y calidad (lo mejor de Silverberg, Le Guin, Ballard o Disch, por ejemplo). El problema fue que los lectores no respondieron. Las ventas bajaron alarmantemente y el público le dio la espalda a la ciencia ficción para fijar la mirada en el fantasy.
Eso acabó definitivamente con la New Thing, pero no había recambio. El género se encontraba en una encrucijada: seguir el camino de la calidad literaria conducía al desastre económico, pero tampoco era posible volver a la ciencia ficciónn de los 40. La respuesta fue retomar los planteamientos clásicos procurando lavarles la cara. De entrada, se abandonó la ciencia ficción soft (que había sido patrimonio de la New Thing) y se regresó al hard más puro. Así que adiós a la ciencia ficción humanista. Luego, se prescindió de cualquier asomo de experimentación literaria. Por último, los autores de ciencia ficción buscaron sus fuentes en la misma ciencia ficción, de modo que el género se volvió autorreferente. Pero como no se podían tratar los mismo temas de la misma forma que en décadas anteriores, se pretendió renovarlos no a través de la cualidad, sino mediante la cantidad: el género se barroquizó. Y esos, con las excepciones de rigor, son los males que arrastramos.
Hay más motivos, por supuesto. La mercantilización de la colecciones y revistas de ciencia ficción anglosajona, que hasta los 60 habían ido por libre (como mercado casi residual). El fracaso de la ciencia ficción a la hora de predecir el futuro. El recelo popular hacia la ciencia. El surgimiento durante los 60 de un neo-seudo-espiritualismo tipo Nueva Era, más inclinado hacia el fantasy. La resistencia de los “círculos culturales” a aceptar el género… En cualquier caso, la principal causa del declive de la ciencia ficción es que su evolución hacia la madurez se vio truncada de golpe, algo que resulta evidente si lo comparamos con el devenir de, por ejemplo, la novela negra.
¿Qué obras del género has leído en los últimos años que te hayan impresionado?
Cada vez leo menos ciencia ficción, pues, la mayor parte de las veces que lo intento, el libro acaba cayéndoseme de las manos. La última novela de ciencia ficción que me ha impresionado –en el sentido literal del término- es La carretera, de Cormac McCarthy, una verdadera obra maestra. También me gustó Spin, de Robert Charles Wilson. Y, lamentablemente, para encontrar más títulos tendría que remontarme bastante más atrás en el tiempo.
En tu blog, los temas de cf son frecuentes. ¿Crees que interesan más o menos que otros que tocas?
Una parte de los visitantes de mi blog acuden a él porque me conocen a través de mi actividad en el mundo de la ciencia ficción; lógicamente, a ese sector le interesan los temas que tratan sobre el género. Al resto… pues menos, claro. Si comento el centenario del nacimiento de Heinlein, por ejemplo, el asunto no les interesará especialmente a quienes jamás hayan leído a Heinlein, es evidente. No obstante, muchas veces intento recomendar autores de ciencia ficción a lectores no habituales del género. Lo he hecho con Brown, con Disch, con Sheckley, con Cordwainer Smith, con Ballard… No sé si sirve para algo, pero al menos lo intento.
¿Está en tus intenciones escribir en algún momento una obra larga de ciencia ficción?
La estoy escribiendo ahora. Se llamará (quizá) La isla de san Bowen y es un homenaje personal a Julio Verne. Voy por la mitad y ya llevo casi doscientas páginas, de modo que será larga. Pero, claro, probablemente la publique en una colección de literatura juvenil, y de nada va a valer que insista en que no escribo novelas para jóvenes, sino novelas que también les gustan a los jóvenes, así que imagino que lo que preguntas es si me planteo escribir una novela de ciencia ficción específicamente para adultos.
Desde hace años, ando dándole vueltas a dos argumentos. Uno narra el colapso de la civilización en un futuro cercano y los siguientes mil años de historia de la humanidad. Tengo la trama bastante avanzada en la cabeza, pero todavía no he encontrado un final que me satisfaga. El otro argumento entra de lleno en el subgénero del retrofuturo (algo que de repente parece haberse puesto de moda). Trata sobre un Imperio Británico que alcanzó el viaje espacial a finales del siglo XIX y que, durante la década de los 30, da el salto a las estrellas, para descubrir que el universo es, sencillamente, aterrador. En realidad, la idea parte de una imagen: una fiesta en un palacio victoriano; entre los asistentes hay numerosos oficiales del ejército imperial, todos vestidos con smoking, todos jóvenes, nobles, altos y fuertes. De repente, llega una orden de movilización y los militares abandonan la fiesta para dirigirse a tierras exóticas y peligrosas. Como el comienzo de Las cuatro plumas, vamos. Bueno, pues todo eso, con la misma estética, pero en una base espacial que orbita alrededor de la Tierra. La imagen, no sé por qué, me fascina.
¿Escribiré algún día esas novelas? Sinceramente, no lo sé.
¿Qué te apetece contarnos de tus más recientes publicaciones en otros campos, como el thriller, fantástico, juvenil…?
Este mes (enero) se distribuirá El juego de los herejes (Espasa), la segunda novela protagonizada por la detective Carmen Hidalgo. A mediados de año aparecerá Leonís, una novela fantástica ambientada en el presente. Mi última obra juvenil fue La caligrafía secreta (SM); cuando acabe de escribir La isla de san Bowen me pondré con la tercera y última parte de las memorias de Jaime Mercader. Después, lo confieso con rubor, no tengo la más remota idea de qué escribiré.
4 comments
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Mucha suerte, maestro. Eres un poco el Gandalf de la CF española.
Muchas gracias, amigo mío. Pero… ¿lo de Gandalf lo dices por las canas?
Por tu sapiencia (literaria en este caso), tu bonhomía y, en efecto, tu aspecto físico.
Adelante con «La isla de san Bowen » y, ojalá también, la novela apocalíptica y la «versión steampunk» de «Las cuatro plumas» (por cierto, una de mis historias victorianas preferidas; épica fascistoide para nuestros días, pero qué pedazo de épica). Aquí tienes un lector seguro.