El hijo del hombre se fabricó con trozos de niños muertos, producto de la matanza de los santos inocentes. Manos piadosas cosieron con dedicación cuerpos carentes de riñones a cuerpos carentes de intestinos, en una aglomeración sudorosa de pequeños sistemas unidos, compartiendo una misma vejiga, dos corazones, un recto, y muchas bocas murmurando ruegos, clamores y susurros al unísono.
Luego, las matronas lo introdujeron con delicadeza en el estómago abierto de una mujer joven, amarrada a un tronco. Preciosas puntadas con los mejores hilos de algodón sellaron la matriz con un tejido de formas geométricas diminutas.
Al cabo de un par de meses, cuando llegó el momento de alumbrar, empezaron dolores agudos que la mujer soportó con valentía. El bebé comenzó a morder frenéticamente, a abrirse paso desgarrándolo todo. La madre cayó de rodillas ante su dios y lloró de alegría. Clavó sus uñas en torno al ombligo y le ayudó a su pequeño a salir a respirar. La sangre le bañaba las piernas y flores crecían donde cada gota caía. Los aullidos de la madre dieron la alerta y los pastores se acercaron sobresaltados. Ellos encuentran al pequeño, alimentándose como una hiena, la cabeza hundida en las entrañas de la niña muerta, gruñendo como un perro.
Cristo y María Magdalena eran la misma persona.
Ese sagrado andrógino fué clavado a la cruz antena para hablar con Jehová. Lo que conversaron esa tarde lluviosa en el Monte Calvario fué cuidadosamente registrado por los operarios al pie del madero. El ruido de la estática y los truenos no les impidió anotar cada una de las cifras y ecuaciones dictadas por el altísimo a través de ese fusible humano que se calcinaba clavado al transmisor.
Ese primer Cristo fue un golem, desarrollado por cabalistas y contactados, con arena del Sinaí, mierda de oveja, restos molidos de las piedras de la ley y lágrimas de mujeres en estado fértil.
Fue clavado a la antena para transmitir un código infeccioso en las venas del cosmos; pero fracasó, fue capturado por la resistencia y utilizado para desviar la intervención en la realidad.
Jesús, el judío, permanece cautivo bajo los sótanos del Vaticano, aullándo encadenado a una máquina que lo usa como rompedor de códigos para interceptar las comunicaciones de los rebeldes. Recolectando la información desde las cruces antena que emiten reverberancia caótica desde todas las iglesias del planeta.
Estuvo a punto de decirlo, pero nadie lo escuchó murmurar esa mañana colgando de la cruz, como un pedazo de carne expuesta para la venta. El dios de todo el universo murió ese mediodía tormentoso, en un monte polvoriento y perdido en palestina, para siempre.
Qué pasó con sus restos? Fueron robados y utilizados para fabricar ese radiotransmisor.
Qué había en su interior? Nada, cuando lo abrió el bisturí de bronce de los rabinos, al fondo de la herida se veía un mar envuelto en números y una palabra que todos memorizaron y se transmitieron de generación en generación.
Si cambias esa palabra en un lugar preciso del Génesis, conviertes la Biblia en una bomba termonuclear.
Dato 1. La Biblia es el libro más impreso y distribuido, incluso gratuitamente, en toda el planeta.
Dato 2. La palabra se puede cambiar a distancia. Están trabajando en ello.
Alucinante…
No sé a ese lado del charco, pero en España el señor Baradit ha causado menos revuelo del que debería… Esperemos que la cosa vaya cambiando.
Coincido con Joserra.
Desde luego es una voz muy pero que muy personal… Rompedora…. y quizá al stablishment le está costando (lo digo porque no le vi en las listas de los premios de la crítica y tal)
Ygdrasil me gustó y espero la nueva.
A mí Ygdrasil me pareció fabulosa, de lo mejor que he leído en mucho tiempo.