Acaba de publicarse la antología Perturbaciones, dedicada a la literatura fantástica española, en la que incluyes un cuento. En ella se pone distancia con la ciencia ficción… y seguidamente se incluyen varios relatos que sí son temáticamente del género. ¿Cómo ves la relación actual entre la cf y los medios académicos y de la literatura "establecida"?
En comparación con el panorama de hace digamos veinte años, yo creo que hemos mejorado mucho. Antes la ciencia ficción era considerada, en general, un subgénero de la narrativa popular y casi nadie la consideraba literatura –ni siquiera la mayor parte de los lectores aficionados–. En muchos casos los relatos y novelas de ciencia ficción (casi todos traducidos –casi siempre mal traducidos– del inglés) interesaban sobre todo por su trama, por su novedad y por las impresionantes imágenes que ofrecían; los lectores estábamos bastante dispuestos a perdonar graves fallos de construcción, una lengua pobre y poco precisa, y unos personajes que solían ser planos como sellos. Es decir, que no era de extrañar que los estudiosos de la literatura, académicos o críticos literarios, consideraran a la ciencia ficción como un entretenimiento trivial sin relación con el arte.
Sin embargo, poco a poco se ha ido produciendo una evolución muy positiva. Los escritores, cada vez mejor formados y más convencidos de que el tema elegido no tiene por qué disminuir la altura literaria de los textos, nos hemos hecho cada vez más exigentes con nosotros mismos y con nuestros colegas (ya nadie celebra en público un texto con faltas de ortografía o con diálogos torpes, por muy original que sea la idea central, por ejemplo).
Los editores, dándose cuenta de que el género fantástico empieza a resultar lucrativo y “presentable”, han empezado a mostrarse dispuestos a leer manuscritos que en otros tiempos habrían sido rechazados sin una mirada, y han decidido publicarlos, incluso fuera de colecciones especializadas, como simples novelas generalistas para no “alarmar” a los posibles compradores, y se han dado cuenta de que pueden colocar una novela de ciencia ficción sin más problemas que si se tratara de una histórica, o negra o de aventuras, aunque siguen sin querer usar las palabras “ciencia ficción” en el texto de contraportada y las sustituyen por términos menos cargados de significado negativo, como “fantástico”, “utópico” o “extrapolativo”.
A renglón seguido, algunos críticos (este grupo es aún algo recalcitrante), y algunos académicos, viendo que estas novelas tienen aceptación por parte de los lectores y son publicadas casi sin cortapisas incluso por grandes editoriales, han empezado a leerlas y se han dado cuenta de que, como en todos los géneros, hay algunas de gran calidad junto con otras más mediocres.
Me parece que vamos por buen camino y, con un poco de paciencia, llegará el momento en que una novela vuelva a ser una novela, sin etiquetas, ya que la hibridación aumenta cada vez más y cada vez es más difícil deslindar los géneros.
En Futuros peligrosos volviste al relato de nuestro género. ¿Fue un hecho casual, una decisión intencionada…?
Fue totalmente intencionado porque siempre he pensado que una de las ramas más potentes de nuestro género es la extrapolativa, o prospectiva, y sin embargo ha sido poco explotada en los últimos quince o veinte años en favor de la space opera, el cyberpunk, el steampunk o el fantasy puro. Pero cuando yo era adolescente este tipo de temas eran los que más me interesaban y las novelas que se basaban en el “¿qué pasaría si…?” me fascinaban, porque me hacían pensar y ver el mundo desde otra perspectiva. Entonces los temas que más preocupaban eran la destrucción atómica, la superpoblación, el hambre global, la rebelión de las máquinas… todo muy alegre… Y solían acabar bastante mal, además. Pero me encantaban.
Como hace ya doce años que me dedico también a la literatura juvenil y he hecho novela policiaca (El caso del artista cruel, El caso del crimen de la ópera), novela histórica (La roca de Is, Caballeros de Malta), novela fantástica (El almacén de las palabras terribles), o novela realista (Si un día vuelves a Brasil), pensé que estaría bien ofrecer a los jóvenes la posibilidad de acceder a ese tipo de extrapolación social que tanto me gustaba a mí en mi juventud (y que me sigue gustando, pero es cada vez más difícil de encontrar). Además, en varias conversaciones con profesores de instituto, de literatura y de ética, amigos y conocidos, me di cuenta de que hacían falta textos en español, no muy largos pero lo bastante potentes y originales como para animar a los alumnos a discutir en clase. Pensé que, obviamente, la ciencia ficción era lo mejor para ese objetivo y por eso escribí estos relatos que, salvo el primero que es fantástico general, forman parte del género más clásico y se basan en el “¿qué pasaría si dentro de muy pocos años nuestro futuro fuera así?”
Parece que el libro está gustando mucho, aunque sé que hay lectores jóvenes que piensan que alguien que escribe ese tipo de relatos tiene que ser paranoico, pero como decía Henry Kissinger: “también los paranoicos tienen enemigos reales”.
Los cuentos de esa antología son más bien pesimistas, aunque con la –relativa– moderación que impone el público juvenil. ¿Es esa tu visión predominante del futuro?
Por desgracia sí. No sé si viene del hecho de que, escribiendo dentro de los parámetros del género, el pesimismo viene casi dado o si se trata de que, con la edad, cada vez tengo menos confianza en el ser humano como especie. Poco a poco he llegado a creer dos cosas que antes –en mi adolescencia– no estaba dispuesta a aceptar: que algunos humanos pueden ser malos (malos de verdad, sin justificaciones) y que muchísimos humanos, aunque no sean malos, son tan estúpidos que resultan mucho más peligrosos que los pocos malos que hay.
Me asusta la necedad de nuestras sociedades “desarrolladas”, la banalidad de nuestras aspiraciones y costumbres, la falta de reflexión y pensamiento crítico, la despolitización de la juventud, el consumismo a ultranza, el culto a la fachada, al envoltorio… todo ese tipo de cosas que se nos quieren vender como “progreso”.
Cuando iba al colegio y en la clase de historia nos contaban la caída del imperio romano, siempre nos decían que Roma se perdió porque se volvieron “decadentes”. Ningún profesor supo explicarnos nunca qué quería decir exactamente con ese término: sólo nos imaginábamos a los romanos vomitando para comer más, tumbados en los triclinios con unas uvas en la mano mirando a las bailarinas desnudas y acudiendo al circo a ver cómo se mataban los gladiadores.
Ahora, por fin, entiendo qué significa “decadencia” y no me hace ninguna gracia, porque siempre he pensado que se puede aprender de los errores de otros, de nuestra propia historia, pero parece que no nos damos cuenta de nos deslizamos por la misma pendiente (ahora electrónica, eso sí). Quizá más adelante vuelva a escribir más historias de este tipo para la siguiente generación de lectores jóvenes, y por mi gusto aún serían más pesimistas y más brutales, pero ahí topamos con lo que las editoriales y las AMPAS consideran correcto para los adolescentes.
¿Cómo funcionó comercialmente la reedición de El mundo de Yarek respecto a tus otros libros recientes de corte fantástico?
Fatal, como era de esperar. Yo creo que es el libro menos vendido de todos los míos. Y tengo la sospecha de que algo que resultó muy perjudicial fue precisamente la imagen de cubierta, el astronauta. La gente que no conoce la ciencia ficción o que la asocia con memeces, explosiones en el espacio y hombrecitos verdes, al ver el astronauta soltó el libro como si quemara. Los aficionados de siempre o ya lo tenían o ni se enteraron de su existencia porque no salió en una colección especializada ni tuvo ningún tipo de publicidad en los foros adecuados.
A mí me sigue pareciendo una buena historia y, a pesar de su ubicación, yo le veo más puntos de contacto con Stevenson o con Conrad que con obras más de género. Pero hay publicaciones más afortunadas que otras y hay que tomarlo con tranquilidad.
En nuestra web se ha hablado mucho de mujeres y cf. Como "decana" femenina del fandom, ¿crees que ha habido una evolución suficiente o aún falta una mayor voz femenina en el género?
También ha habido una mesa de “mujer y ciencia ficción” en casi todas las Hispacones y en la Edad Media se hablaba mucho del sexo de los ángeles. A algunos humanos nos gusta mucho hablar de cosas inexistentes o de dudosa existencia.
No creo que haga falta ser la “decana”, ni la “gran dama” ni nada por el estilo para opinar que no hay prácticamente presencia femenina en la ciencia ficción española. Si abrimos un poco el foco para cubrir géneros emparentados, sí que somos unas cuantas las que producimos regularmente en la gran casa de lo fantástico: Cristina Fernández Cubas, Pilar Pedraza, Susana Vallejo, Laura Gallego…, otras que lo practican ocasionalmente (por ejemplo Lola Beccaria tiene una preciosa novela fantástica: Mariposas en la nieve) y otras más que no conozco, aunque he leído sus nombres en blogs y revistas online. Pero definitivamente faltan mujeres que quieran ampliar la ya considerable lista de obras de ciencia ficción “femenina”.
Por suerte ahora ya no es tan importante el hecho de que el autor de una novela sea hombre o mujer. Las mujeres escritoras ya somos aceptadas a todos los niveles y en todos los géneros y no tenemos que comportarnos de un modo especial (femenino) ni tocar unos temas concretos.
Es cierto que hay muy pocas mujeres escritoras de ciencia ficción en España, pero tampoco es que los escritores varones sean tantísimos.
En tu faceta académica, ¿empleas la ciencia ficción, crees de veras que hay literatura de cf que sea susceptible de tener una presencia en la historia de la literatura reciente?
Cuando doy una clase de literatura española reciente y puedo dirigirla a lo fantástico (no siempre puedo porque hay que cubrir otros periodos y otros países) suelo usar relatos porque hay más variedad y se leen más rápido, y ahí siempre coloco unos cuantos de ciencia ficción, aunque tengo que llevar cuidado de que no sean del tipo –tan frecuente en nuestro género– de “sólo para iniciados”. Por eso en general prefiero relatos con un fuerte elemento fantástico, no necesariamente sobrenatural, que traten temas para los que no sea necesario conocer de antemano veinticinco novelas estadounidenses.
En cuanto a si puede tener presencia en la historia de la literatura, si hay obras que pasarán al canon… eso es pura cuestión de suerte y de inercia por parte de las generaciones siguientes. ¿Alguien cree de verdad que Niebla, de Unamuno, es de lo mejor que se ha producido en España en el siglo XX? Salvo el último capítulo, con lo del personaje insultando al autor que lo ha creado, el resto de la novela es totalmente prescindible, en mi opinión. Pues sin embargo está en las listas de lectura obligatoria de la mayor parte de universidades del mundo para los estudiantes de hispanística, igual que La familia de Pascual Duarte que, también en mi opinión, no es gran cosa, o Nada, que a día de hoy ya no tiene mucho interés. Sin embargo, una joya como La Saga/Fuga de J.B., de Torrente Ballester, o su Don Juan, no suelen aparecer.
Ya digo, es cuestión de suerte y de los gustos de las próximas generaciones el que alguna novela de nuestro género pase a la posteridad. Y además, no es necesariamente algo bueno, porque todos sabemos que en cuanto una obra entra en el canon, pierde casi todos los lectores. Ya es un clásico, ¿no? Pues no puede pedir, además, ser leído, parece pensar mucha gente.
Te leí emplear el término Literatura Prospectiva que defendemos en la página, ¿lo consideras adecuado, crees que vale la pena una nueva etiqueta?
A mí casi cualquier cosa que no sea “ciencia ficción” me parece bien, ya que es un término que induce a error, está desprestigiado y no suele tener nada que ver con lo que se ofrece entre tapa y tapa (del libro, me refiero, no del bar).
Yo he usado muchas veces “literatura extrapolativa” por aquello del “¿qué pasaría si…?” y no me parece mal usar ahora “literatura prospectiva” (aunque me suena mucho a lo de buscar yacimientos petrolíferos) si nos ponemos todos de acuerdo y empieza a sonar. Pero la verdad es que no creo que cambiarle el nombre vaya a hacer nada por el género. Pienso que sería mejor usar “literatura fantástica” para todo, igual que se usa “novela histórica” para todas las que se refieren a un tiempo que no es el nuestro, tanto las que suceden en la antigua Grecia como en el Siglo de Oro español.
Si tengo razón con lo que comentaba antes, pronto no será necesario etiquetar nada porque las novelas tendrán elementos fantásticos, policiacos, históricos, etc. sin que se pueda deslindar claramente cuál predomina.
Hoimbre, por fin alguien optimista!!!!
Muy interesantes las reflexiones de Elia Barceló. Veo que no era el único que de joven se preocupaba por la guerra nuclear o por la superpoblación. Y también coincido en eso de que el ser humano es como es y a veces (demasiadas) es malo. Debe ser cosa de la edad, pero cuanto más mayor me hago, más simpáticos me caen los cocodrilos.
En lo de que la etiqueta de la «ciencia ficción» está desprestigiada… bueno, tal vez en España sí, aunque en el mundo anglosajón es un fenómeno menos punzante. Pero nunca me pareció que «ciencia ficción» englobase, ni de lejos, todo aquello que se publica bajo la etiqueta de «ciencia ficción»…
Y sin embargo yo cada vez veo menos tapujos en asumir la «ciencia ficción» entre autores españoñes de lo que por aquí se llama el «mainstream». A veces incluso me da por sospechar que podría acabar convirtiéndose, como el negro, en eso de «narrativa de género que trasciende al género». Eso sí, me mola lo que dice de la habar de la cifi como literatura fantástica y la inutilidad de las etiquetas para hacer respetable a algo.
Es curioso que esta entrevista comience con una pregunta maliciosa hacia una antología de género fantástico… ¿No es este un sitio «amigo» de lo fantástico? ¿A qué viene esa reticencia ante una antología española que parece que está teniendo cierto éxito? ¿No debería eso alegrarnos a todos? :-(
Todo esto pensaba cuando leí esta entrevista a Elía Barceló por primera vez……
Ahora, cuando veo que en las «Recomendaciones» de Literatura Prospectiva se ha incluido la única reseña negativa que por ahora ha aparecido de esa antología (en la que por cierto están Félix J. Palma, Elía Barceló, Pilar Pedraza, Merino, Fernández Cubas…), compruebo que aquí hay mucha, mucha frustración, y envidia, no sé…… En fin. Qué decepción.
Quien firma esta entrevista también ha escrito una reseña sobre esa antología, por cierto de corte más bien favorable
latormentaenunvaso.blogspot.com/2009/07/perturbaciones-antologia-del-relato.html
No sé dónde está la «capciosidad» de la pregunta. Pero en fin, ya sabemos que en España cualquier actividad sólo puede merecer «adhesiones inquebrantables», porque un comentario de matiz puede ser considerado como una prueba irrefutable de terribles envidias…
Y este no es un sitio «amigo del fantástico», sino dedicado a la literatura tradicionalmente conocida como ciencia ficción. Es un matiz relevante, para mí al menos. Y por cierto, a este género, la citada antología le da de lado de manera un tanto grosera, muy en la línea dominante en la cultura española.