En la NBA, cuando un equipo escoge a un jugador joven sólo por ser alto, aunque tenga menos formación, se emplea siempre el mismo lugar común como justificación: “La altura no puede enseñarse”. Lo que tiene Francisco Javier Pérez, según muestra este volumen de cuentos, es aquello que no puede adquirirse: originalidad, chispa, esa cualidad etérea que distingue a los escritores interesantes de los competentes.
En la afirmación anterior, por supuesto, va implícito el mensaje de que ese talento debe irse refinando. Los dieciséis cuentos que integran Antifuente tienen, por momentos, un tono un tanto monocorde en su heterodoxia, y su lectura de forma consecutiva resulta en ocasiones fatigosa. En algunas historias, para qué negarlo, el esfuerzo que exige seguir la prosa chocante y de permanente reto a su lector que emplea Pérez no se ve del todo recompensado. Pero… El libro se cierra, y la sensación clara que se dibuja es la de que estamos ante algo valioso: un caudal poderoso de sensaciones e imágenes, pasión verdadera por la escritura, una imaginación insobornable capaz de concebir verdaderas bizarrías. Un trabajo en progreso hacia un lugar interesante cuando se limen aristas, cuando tanto brío sea capaz de dosificarse con el mismo tino con el que ahora es capaz de desatarse.
Por el camino, además, quedan algunos relatos de innegable valor. El libro se abre con “FFW//REW”, que plantea una singular hipótesis sobre una enfermedad conocida, con un enfoque incuestionablemente cienciaficcionero. Los distintos puntos de vista de cuatro observadores en “Dicen los fotógrafos suicidas” forman un mosaico sugerente. La extraña mezcla de taoísmo y guerra civil española de “Zooética” resulta de interés, así como el retrato adolescente incomprendido en el cuento que cierra el volumen, “Reyes de Marte”.
Que todas estas historias sean o no ciencia ficción sería objeto de un debate prolongado, de ésos que parecen gustar por estos lares, pero permitidme pasar de puntillas sobre la cuestión. A mí, personalmente, me parece que son de un tipo de fantasía que, histórica e icónicamente, se emparenta con el género, pongamos por caso con algunas obras de gente como James Tiptree Jr. o el Philip K. Dick tardío –salvando, lógicamente, las distancias, pero concediendo el mérito de buscar tales parentescos-.
Las expectativas que crea el volumen se trasladan también al trabajo de la editorial Viaje a Bizancio, de creación reciente, que abre con este volumen una colección de ciencia ficción y terror, Clatter. El libro está bien editado, tiene un precio asequible y resulta, en todos los aspectos, una aportación digna de aplauso y posterior seguimiento.
Sería más fácil si se dijera que lo que hay es literatura fantástica de la que formaría parte la prospectiva y el resto de lo que se conoce coloquialmente como ciencia ficción es ese «tipo de fantasía que, histórica e icónicamente, se emparenta con el género (prospectivo)». Seguiría siendo algo tosco para entendernos, pero sería un principio.